Lo que me queda es llorar, llorar incontrolablemente.
Llorar sin razones, porque la tristeza y el dolor no son razones, simplemente se sienten, se sienten en alguna parte del cuerpo y llorar es la manera de hacerles caso.
El dolor que me apuñala se va con las lágrimas. Se va para que otro dolor nazca.
<Perdona si no estoy en la cena, tampoco a desayunar. No pude evitar hacerle el amor a, a las luces de esta ciudad. Y si me pierdo no me busques tan lejos, seguro estoy por ahí, no es que me este escondiendo de mi reflejo es que no quiero que me veas así. (…) > Las luces de esta ciudad, División Minúscula.